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Safari en el Desierto

Descubre como es la experiencia en el desierto en los Emiratos Árabes Unidos

» Posted by on ago 3, 2012 in El Diario del Viajero, El Viajero en Emiratos Árabes Unidos | 0 comments

Safari en el Desierto

La tarde de hoy promete ser intensa e interesante y aun no he tenido la oportunidad de aprovechar las instalaciones del hotel. Así que, he decidido dedicar la mañana a descansar y disfrutar de la piscina que el hotel tiene en la azotea a disposición de sus clientes. Provisto de un bronceador de elevada protección solar y un bañador, me dirijo a la piscina donde un empleado del hotel me proporciona una toalla, no sin antes advertirme de lo peligroso que es el sol en esta época del año. Lo cierto es que el sol no llega a preocuparme en exceso ya que, para evitar quemarme cuento con el bronceador con protección solar, la sombrilla ya preparada junto a mi tumbona y la posibilidad de sumergirme en el agua. Lo que realmente me preocupa es si yo seré o no capaz, de soportar por más de diez minutos el intensísimo calor que me viene castigando desde mi llegada a Dubai. Las vistas desde la piscina no son especialmente buenas y una constante nube de arena, procedente del desierto, flota en el aire como una persistente y tupida niebla. A pesar de eso, aun se puede apreciar en el horizonte el perfil de los rascacielos del Financial Center así como el del gran Burj Khalifa. El calor de hoy es intenso como cada día pero, con una peculiaridad que lo hace diferente a otros días,… corre un suave pero abrasador viento del desierto. Aun así, tras darme un chapuzón en la piscina, la sensación de calor queda en el olvido. El agua de la piscina, que se me antojaba caliente y poco apetecible, no está tan caliente y aun cumple su función de refrescar. Alguien me dijo que el sol del desierto es traicionero y tenía razón. La arena que flota en el aire despista y confunde dando la impresión de estar nublado, y refrescarse en el agua hace que la sensación de calor sea menor. La mañana es relajante y se bajan las defensas, así pues, sin apenas darme cuenta y con tan solo dos horas de exposición al sol,… me he quemado sensiblemente la piel. Suerte que solo han sido un par de horas, que he estado sumergido en el agua casi todo el tiempo y que me he dado protección solar. La prueba de que no es recomendable exponerse al sol de Dubai en esta época del año, es que solo un par de huéspedes más se han atrevido a venir a la piscina.

La cantidad de arena que flota en el aire se evidencia a la hora de darse una ducha. Creo que hay más arena pegada a mi cuerpo que en cualquier día de playa.

Después de preparar la comida en el apartamento me preparo para la visita de esta tarde.

A las 16:30 horas vienen a recogerme al lobby del hotel para llevarme a otra de esas actividades casi imprescindibles cuando se visita Dubai; lo que allí llaman, un Safari en el Desierto.

Con 20 minutos de retraso y tras recoger a otra pareja de turistas, un enorme e impresionante Hummer nos pone en camino al desierto. 40 minutos de trayecto en los que vemos como la arena y el viento han ido ocupando parcialmente el asfalto.  Pronto empezamos a vernos rodeados de dunas a ambos lados de la carretera. Sorprendentemente y casi de forma caprichosa, tras alguna de estas dunas que bordean la carretera se encuentra una pequeña construcción que parece ser una vivienda en la que habita una familia.

En un pequeño llano, donde la arena aun no ha logrado elevar ninguna de sus gigantescas dunas, nos espera un grupo de vehículos 4×4. Pronto somos invitados a subir a uno de los vehículos todoterreno y, casi sin mediar palabra, el conductor enciende el motor para llevarnos desierto adentro. Parte de la aventura consiste en desafiar al inestable y traicionero terreno del desierto conduciendo a toda velocidad surcando las dunas. El conductor conoce a la perfección la zona y sabe donde se encuentran las dunas más altas y con crestas más pronunciadas y,…  hacia allá nos dirigimos. A un inmenso mar de arena. Los cuatro pasajeros experimentamos un subidón de adrenalina casi indescriptible. Tenemos la sensación de habernos subido a una enorme montaña rusa depositando nuestras vidas en manos de un desconocido al volante. A toda velocidad subimos una gigantesca duna hasta alcanzar la cresta en un ángulo de casi 90º. Una vez arriba surfeamos por la cresta de la duna y nuestro vehículo se inclina peligrosamente a uno y otro lado desafiando todas las leyes de la física. Los neumáticos se hunden en el terreno levantando enormes olas de arena que bañan el coche cubriendo el parabrisas y dejándonos, por un instante, totalmente a ciegas. El limpiaparabrisas retira la arena del cristal descubriéndonos frente a “la nada”. Con ojos como platos y gritos de espanto nos agarramos donde podemos para poder enfrentarnos a una caída imposible. Nos precipitamos a toda velocidad en una bajada casi vertical que tras los gritos da paso a risas y evidentes signos de euforia. 20 minutos con los nervios en tensión en los que se alternan subidas y bajadas, derrapes y giros cerrados, olas de arena y velocidades extremas. Toda una experiencia.

Superada la prueba nos dirigimos a un campamento instalado entre dunas, en mitad del desierto. Así como la experiencia en 4×4 me ha parecido emocionante y sorprendente, la llegada a este lugar me anuncia una experiencia decepcionante. No se trata de un campamento improvisado ni instalado de forma temporal, el lugar consiste en unas instalaciones preparadas para ofrecer una atracción edulcorada y enfocada al turista de lo que es una experiencia en el desierto. Nada que ver con lo vivido en otros lugares como; Tunicia, Egipto o Marruecos donde realmente se experimenta la vida en el desierto. Pero ya estoy aquí,… y lo que hay es esto. Desde mi llegada, un muchacho del campamento no deja de grabarme en vídeo mientras otro dispara su cámara fotográfica sin cesar. Seguro que luego me van a vender las fotos pero,… ¿y el vídeo?. ¿Para qué será?.

Entre las actividades que ponen a nuestra disposición en el exterior del campamento, se ofrece la oportunidad de dar un paseo en dromedario, fotografiarte con un halcón al hombro o hacer snowboard en las dunas. También puedes pasar el rato alquilando un quad y dando unas vueltas en una pista preparada para esta actividad. En el interior, una pista circular donde suele ofrecerse un espectáculo de danza del vientre pero que hoy, por ser Ramadán, no será posible disfrutar. Al rededor de la pista se disponen enormes mesas donde los turistas podremos disfrutar de la cena. A pocos metros una tienda donde parece que podremos fumar en shisha (pipa de agua). Tiendas de souvenires exponen sus mercancías. En otra tienda, una mujer se ofrece a hacer tatuajes de henna a quien lo desee, mientras otra persona brinda la posibilidad de vestirse con las túnicas tradicionales para tomarse unas fotografías.

Durante una larga espera se van dando cita en el campamento numerosos grupos de turistas de diferentes nacionalidades. Algunos de ellos, como yo, miran con decepción el lugar deambulando de un rincón a otro esperando que comience la cena.

La cena tipo buffet obliga a levantarse para hacer fila y servirse; ensaladas, carne en salsa, arroces, pasta, carne a la brasa y falafel. Para poder hacerlo se disponen dos filas; una para mujeres y otra para hombres. Estamos en Ramadán.

Durante la cena proyectan en una pequeña pantalla la llegada de todos lo asistentes. Ahora se para que nos grababan en vídeo a nuestra llegada. Sustituyen a la tradicional bailarina de la danza del vientre por un danzante que ofrece un curioso y sorprendente baile con un traje luminoso.  La comida deja mucho que desear y pronto me levanto para dirigirme a la tienda de las shishas a fumar un poco. No soy fumador pero, siempre que tengo la oportunidad de fumar en pipa de agua la aprovecho.

El calor de la noche es sofocante pero, hoy además, se incrementa considerablemente en mi caso, ya que el baño de sol de esta mañana está manifestándose ahora. Todo el calor acumulado durante la mañana sale ahora al exterior evidenciando que, a pesar de las precauciones tomadas, me he quemado en la piscina del hotel.

 No me considero un turista,… me gusta pensar que soy “un viajero”.  No me gustan los recorridos turísticos ni los viajes organizados, huyo de las atracciones para turistas y de los grupos de turistas pero, ya metido en harina,… Se hace la hora de regresar y antes de emprender el camino de regreso, me hago la foto de rigor vestido con los ropajes típicos.

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