La Gran Muralla China

» Posted by on ago 18, 2011 in El Viajero en China | 0 comments

La Gran Muralla China

8:30 horas. – Me recogen en el lobby del hotel para emprender camino hacia una de las visitas más deseadas. Voy a visitar una de las Maravillas del Mundo. Una de las obras más espectaculares hechas por la mano del hombre; La Gran Muralla China.

El día no ha amanecido como mi enlace me aseguró. Un cielo gris cubre nuestras cabezas amenazando con descargar con abundante lluvia. A pesar de eso, ella insiste en que, llegados a las montañas, el cielo se despejará.

Invertimos más de una hora en coche hasta nuestro lugar de destino, tiempo que aprovecho para renegociar nuestro acuerdo, logrando que en el precio me incluya la comida.
Al fin, llegamos a uno de los accesos a la Muralla China, concretamente Badaling.
La Muralla China tiene una enorme extensión y solo algunos tramos se mantienen bien conservados debido a los trabajos de restauración emprendidos en ellos. Puede que Badaling, sea uno de los más populares.
El acceso a la Gran Muralla puede hacerse a pie o en telesilla. Yo recomiendo la subida en telesilla, no solo por las vistas que ofrece desde las alturas, también por conservar las energías para recorrer la espectacular muralla.
El telesilla ofrece una subida rápida pudiendo hacer la bajada en un gigantesco tobogán que recorre toda la ladera de la montaña. (65 Yuanes = 7 Euros). Si optas por subir andando, solo tienes que comprar la entrada a la Gran Muralla.
El ticket de acceso a la Gran Muralla cuesta 45 Yuanes = 6 Euros.
La altura que alcanza el telesilla es impresionante, permitiendo hacerse una idea de las infinitas dimensiones de la Gran Muralla.
A pesar de que el tiempo se muestra tozudo y de que se ha empeñado en llevar la contraria a la guía, la visibilidad es espectacular a pesar de las nubes.
Una vez arriba debo elegir entre dirigirme a la izquierda o hacerlo hacia la derecha.
Opto por ir hacia la derecha ya que la visibilidad de la muralla es mucho mejor.
El recorrido se hace agotador. Realmente sientes que estás escalando la montaña.
Pronunciadísimas escaleras de inclinaciones y desniveles imposibles, dan acceso al recorrido por esta colosal construcción.
Contemplándola sientes la grandiosidad de las maravillas que el ser humano puede llegar a hacer, y la inconsciencia de quien proyectó y encargó semejante obra dando muerte con ella a muchos de sus constructores.
Piedra sobre piedra, impenetrable y rotunda, se yergue la Gran Muralla recorriendo el perfil de una inexpugnable cordillera montañosa.
Comienza a llover y la bajada se hace peligrosa en algunos de los tramos.
Es divertido ver a los visitantes subir y bajar, algunos empinados tramos de escalera, a cuatro patas. Ahora, la lluvia nos obliga a extremar las precauciones.
Evidentemente, me pongo como una sopa, mezcla de sudor y agua de lluvia.
El acceso al telesilla no está señalizado en la muralla y esto hace que lo pase de largo fijando mi objetivo en otro mucho más alejado. Algo me decía que yo no había caminado tanto pero, al no ver otro telesilla…. A mitad de camino me doy cuenta de donde estaba el telesilla que a mi me había traído hasta la muralla. La guía me estaba esperando abajo por lo que, me vi obligado a retroceder desandando lo andado. No os podéis hacer idea de lo que eso ha supuesto. Si el cansancio era mayúsculo por lo escarpado del recorrido, aun se acentuaba más al hacerlo bajo la lluvia.
Debido al mal tiempo reconsidero mi idea de bajar en el tobogán, así que vuelvo a tomar el telesilla para descender.
A mi bajada me esperan dos soldados imperiales que insisten en fotografiarse conmigo mostrando sus lanzas y sus poses y rostros más fieros. Uno más de los muchos ganchos turísticos del lugar.
Se hace la hora de ir al restaurante y la comida será un menú sorpresa cuidadosamente seleccionado por la guía y el conductor (ellos pagan):
-Cerdo guisado con avellanas
-Verduras hervidas con setas
-Pescado, de procedencia desconocida, al horno
-Cerveza
A mi llegada a Beijing pido al conductor que no me deje en el hotel y que, en su lugar, me lleve al conocido Mercado de la Seda.
El Mercado de la Seda es un centro comercial de cinco plantas y dos sótanos llenos de puestos con productos de todo tipo; ropa, complementos, electrónica, relojes, maletas, juguetes,……
Todos ellos son imitaciones de las primeras marcas.
La quinta planta se hace llamar Luxury. Es decir, excelentes imitaciones de marcas reconocidas.
No os lo creáis. Esos mismos artículos de imitación los tienen escondidos en las plantas bajas y a mejores precios. La quinta planta solo sirve para venderte el mismo producto pero más caro.
En este mercado es donde has de sacar tus dotes de regateador y buen negociante.
Si te ofrecen un producto a 100, de salida ofrece 10 y nunca llegues a 50, lo estarías pagando caro.
Vuelve a llover. Me cuesta negociar con un taxista el precio para ir al hotel. En los alrededores del Mercado de la Seda, la mayor parte de los taxistas son ilegales. No ponen en marcha taximetro alguno e intentarán engañarte.  Además, la lluvia los hace más ambiciosos.
Mi guía me había advertido de que; tanto en el mercado como en la calle, suelen intentar estafarte.
La estafa consiste en lo siguiente; cuando tu vas a pagar con un billete pequeño, el chino te dice que no es bueno, que el billete es falso. En este momento tu sacas otro de mayor valor, momento que el timador aprovecha para darte los cambios colándote sus billetes falsos.
Bueno, pues este timo lo intentó mi taxista,…. sin éxito.
Suerte que la guía y el conductor me dieron todo un curso para saber distinguir un billete bueno de uno falso.
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